13 enero 2018

Vacíos y llegadas

Una farola que agoniza oscurece la calle y no pasa el mendigo de ayer ni la señora Amelia ni siquiera el mirlo de hoy. En el bar irlandés solo hay dos moscas borrachas de cerveza negra y ni si quiera veo tréboles. Recuerdo cuando pregunté en clase qué no es la felicidad y me respondió aquella mujer tan seria… la felicidad no es la felicidad. Ahí queda eso…
Por el cristal veo cómo sigue sin pasar nadie y la servilleta donde he dejado adjetivos se arruga entre mis manos. Lo que más me gusta de las soledades de hoy es qué hace ese violín en la esquina, junto al baño. Tiene una cuerda suelta, una mancha de bebida reseca o resaca y color roble claro pero de esos colores que ya el roble lleva bastón y peina hojas casi blancas. ¿no lo veis?
Por fin llega la mujer del pelo rojo y se enciende la farola. Las moscas borrachas me parece que cantan y la felicidad no es la felicidad ni lo que calla el violín, sino el momento que está sucediendo cuando llega y no esperas nada.


1 comentario:

Anónimo dijo...

... la felicidad no es la felicidad ni lo que calla el violín, sino el momento que está sucediendo cuando llega y no esperas nada. y seguimos sin darnos cuenta.