19 diciembre 2015

Tomando notas en la Taconera

Todo el mundo contemplaba fascinado la elegancia de los cisnes y el sonido de la berrea de un macho enfadado en el parque de la Taconera. Parece que nadie se daba cuenta de un cuervo cojo que se acercaba al agua todo chulo sin muletas. ¿Qué tiene un cisne tan tranquilo en el agua que no tenga toda una aventura de superación del cuervo cojo?
Por fin llega al estanque y para mi sorpresa se sube en un tronco de madera que estaba flotando cerca de la orilla. Me lo imagino con un parche en el ojo quitando la comida a los fastuosos cisnes con una bandera pirata.
En esas estaba cuando mi atención y más bien mis oídos, se dirigen a la conversación de tres chicas recién llegadas.
-Qué sí, Amaia, que a la gente le importa una mierda los animales. Tienes que venir a la asociación… (no sé que nombre dijo) y ya verás qué pasada.
-Cambiando de tema, yo a los que colgaría del cuello son a los… (me quedo perplejo de lo que oigo)  –responde la chica del pelo a lo garçon toda indignada.
Así seguían todo orgullosas de su posición contra el maltrato animal sin percatarse de que pedían maltratar de igual manera a determinados grupos étnicos. Es lo que tiene olvidarse que nosotros también somos animales y solemos hacer las mayores animaladas.
La gente seguía observando a los cisnes y ciervos, pues nadie nos ha enseñado si se puede sacar algo de belleza en un cuervo cojo al abordaje, un sapo o una araña. 

18 diciembre 2015

Que me devuelvan el invierno

Echo en falta el frío…
la gente que tirita esperando,
no soltar los abrazos en la cama,
las castañas perfumando.
Echo en falta el invierno…
con sus paisajes solitarios,
la boca exhalando niebla,
los niños acribillándose a bolazos.
Echo en falta el hielo…
que no se derrite en tu vaso,
que te pone la nariz roja,
que deja un beso congelado.
Echo en falta la nieve…
la gente que dice año de bienes,
los copos que te dejan el pelo canoso,
las cadenas por si acaso.
Echo en falta el tiempo…
que había en cada estación,
muy harto de los trenes humeantes
que se lo están llevando.

11 diciembre 2015

Siendo

Parece ser que existen personas impolutas, éxitos andantes que pueden con todo, adalides del “llegar a ser alguien”, iconos del quiero, puedo y lo consigo. Cuando llegan a casa la tienen ordenada, sus niños echan carreras para abrazarles, la cocina huele a rosas. Cuando pasan por escaparates de tiendas los maniquíes les aplauden, llevan cada pelo en su sitio y la camisa siempre planchada. Que sí, que existen estas personas que nos transmiten todo esto.
A veces pienso qué habrán hecho para soportar toda esa carga. Poder con todo tiene que ser horrible y llegar a ser alguien muy deprimente; supongo que se les ha olvidado que “ya son” Que no eres lo que tienes.
Me gusta más observar las personas con arrugas de varios fracasos en la cara pero media sonrisa de estar viviendo, esas personas que quieren, a veces pueden y otras no lo consiguen; que llegan a casa y tienen que hablar con el hijo que se ha enfadado y la cocina huele a lentejas recalentadas; adalides de la realidad, lejos de sostener el disimulo estático de un maniquí que, por trabajar su imagen, está hueco por dentro.