21 octubre 2014

Tienes y no tienes

No tienes el control, tienes la pasión.
No tienes el resultado, tienes las ganas de hacerlo.
No tienes la felicidad, tienes el coraje.
No tienes lo que quieres pero puedes querer lo que tienes.
No tienes el cielo pero el suelo es cielo del cielo.
No tienes el premio pero te sabes merecedor.
No tienes la luna pero tienes la tierra.
No tienes fracasos, tienes contratiempos.
Tienes la debilidad y es lo que te hace mejor.
Tienes las relaciones en lugar del aplauso.
Tienes fuerza si cambias el diálogo interno.
Tienes la experiencia si no evades el presente.
Tienes cariño… si te muestras.
Tienes sabiduría… si te expones.
Te tienes a ti… si no te piensas tanto.
Tienes alegría si te olvidas del resultado.
Y tienes la vida… si no sueltas el timón pese a marejadas y chubascos.


16 octubre 2014

Libre del éxito

No lleva el volante por la carretera
de su vida.
Lleva cuatro horas gastando gasolina,
agotando recuerdos, fracasó.
Luces de colores cerca del arcén,
negocios de cariño rápido,
la vida de un trago.
Ya no hay más dinero ni gasolina
ni visitas a su hija ni aplausos.
Fracasó.
La carretera es larga, tiene sueño,
un coche resfriado, muchos errores,
una radio con bronquitis,
la noche y el fracaso.
Ahora está solo.
Y se da cuenta, por fin,
libre del éxito,
que no necesita depender
de nada externo, de aquellos aplausos,
ese reconocimiento, ese “que todo vaya bien”
La carretera solo es el camino
y el conductor elige la dirección
siempre que…
conduzca también por él.

14 octubre 2014

Hablar de política

Me dice un amigo de un amigo; por cierto, eso de que los amigos de mis amigos son mis amigos es una de las estupideces mayores que he escuchado, ¿por qué van a ser los amigos de mis amigos, mis amigos? A no ser que definas amigo a lo facebook (cientos, miríadas de amigos… ¿a los que les cuentas cosas íntimas?) Bueno, me dice que escriba algo de política y de paso si soy zurdo, diestro o ambidiestro (¿por qué no se dice ambizurdo?) de ideas. Me niego.
Como para mucha gente la política es la posibilidad (siempre que ganen los suyos) de la paz mundial, seguroquelohacenmejor, losotroslohacenpeor… (he puesto todas las letras juntas, me ha dado por ahí); cuando uno habla de política puede herir sensibilidades. Y si a uno le da por decir cosas tipo: si cambias tu mundo cambias el mundo, hechos antes que palabras… entonces te pueden tachar de utópico e irresponsable, raro o “este vive en los mundos de yupi” (tengo que analizar la palabra “yupi” otro día; ¿recordáis los de mi generación la canción yupiyaya, yupi yupiye? ¡qué tortura de canción! ). Así que… ¿Cómo hablar de política y declararse ambizurdo, diestro, o lo que sea de ideas? Así, públicamente. ¿Y a quién le importa lo que uno sea o no sea? ¿Y por qué es tan importante que se sepa? El hombre: ese homínido que se cree que ya no es un animal (mientras hace guerras) y piensa que es el centro de todo. Un águila no se pregunta quién es o a qué sitio pertenece, vuela, caza y vive y con sus actos contribuye al equilibrio. Solo el hombre intenta ser algo que no es (dar imagen) y modifica (o arrasa) la tierra con la que luego se identificará para ser un homínido de lo más mono (y por eso salimos todos monísimos en las fotos de washapp) en la ciudad o “polis” que es de donde viene la palabra política. Esa palabra que pretende organizar las “polis” por el bien común mientras el común, justifica odiar al otro común si no comulga con sus ideas, que es el opuesto de los hechos. (¡Mierda! No me quito de la cabeza la canción del “yupiyaya” que he recordado líneas arriba)
Me he dejado la “familia política” Lo que no puedo es cuando algún yerno llama “mamá” a su suegra. Que no, que eso no puede ser, para una cosa que está claro que solo hay una. Utilicemos mejor las palabras, no las politicemos.  ¡Yupiyé!
 
 
Aviso: si la escuchas tendrás el soniquete todo el día:

03 octubre 2014

Crear

No es el soberbio roble el que aguanta un huracán. De tanta rigidez y autoexigencia se rompe. Es el junco que se adapta a los vientos doblándose y volviéndose a erguir.
No son los títulos y reconocimientos lo que te dará una satisfacción duradera sino merecerlos, los obtengas o no.
No encontrarás la felicidad en ninguna parte pues solo es una palabra, encontrarás una sensación de calma cuando aceptes la realidad que se esconde tras las imágenes creadas.
Fue una gota de agua la que hizo sobrar el vaso, fue una diminuta semilla la que empezó el camino de la enorme secuoya, fue un paso el que empezó toda la caminata y fue una idea la que revolucionó ese proyecto.
No fue sumar y sumar lo que hizo creativos a esos emprendedores, sino descartar y cuestionar lo rutinario. No fue añadir lo que llevó a Einstein a desarrollar sus teorías sino restar, quitar los condicionamientos creados. No porque haya muchas nubes y no se le vea, el sol deja de brillar.
Son las cosas pequeñas, los descartes, los comienzos, el cuestionar, lo que hace que aparezcan nuevos universos.

Historia inacabada a las cuatro y diez

Vale, ya me he sentado en el Café Iruña con un boli, una libreta y empiezo a escribir pero no me da tiempo a poner las comas o puntos y comas porque viene un chico con corbata a interrumpir lo que quiera que sea esto que estoy haciendo.
Ya está, era para escuchar el mensaje de Dios más de cerca y si quería ir a unas charlas en las que se explica… mientras el chaval me hablaba he de decir que apareció por las elegantes puertas del Café… Ginebra. Claro que no se llamará Ginebra pero me parece tan novelesco que la llamaré así. Con esas curvas, ese mirarme de reojo y hace así con el pelo de un manotazo, que va, manotazo no, una sutil sacudida que deja su cuello pecoso al aire encendiendo mis hormonas o lo que sea que llevamos dentro y nos hace o empezar una guerra o algo peor como un casamiento. Ginebra también es una bebida pero no es cuestión de brindar con ginebra de par de mañana. Así pues, le digo al chaval de corbata que me parece muy interesante y que me deje un folleto. Se pone contento y se va como un misionero urbano con su Dios a otra parte. Resulta que Ginebra ha entrado por la puerta donde salen (y entran y vuelven a salir) los camareros. Así que, ya que estoy descentrado como para escribir una historia con puntos, comas y puntos y comas, y puntos y comas (me acabo de repetir, luego en el ordenador lo corrijo o tal vez no) Por donde iba. Ah, sí, que veo salir a Ginebra vestida de camarera, me levanto con brío (hace mucho que no uso la palabra brío) y… en este momento dejo de escribir, que sino no me levanto.
Al pasar estas desordenadas palabras al ordenador tal cual estaban escritas he recordado que tengo que tengo que ir al Café Iruña a las cuatro y diez (como la canción de Aute) a terminar la historia mientras pido una Ginebra.
 

01 octubre 2014

Historias de rincones del mundo

Daniel es el responsable de su hermano de siete años y ayuda a cuidar al marido de su madre (se niega a llamarlo padre) ahora que está muy grave por la cirrosis provocada por una sobredosis de pensar en sí mismo.
A sus 14 años trabaja etiquetando las cajas de tabaco en el almacén que está en los cerros altos que se ven desde la ventana de su habitación. Todos los días disfruta del viento que despeina alguna tristeza, el saludo a Lupe a la que hace poco besó nada más y nada menos que en los labios y el descanso de oír al marido de su madre quejándose y dando golpes en la mesa.
Daniel no sabe leer pero le gusta fumar ese tabaco que regalan a los trabajadores del almacén y colaborar trayendo algo de dinero a casa poniendo esas etiquetas que, entre otras cosas, dicen: “prohibida la venta a menores”