18 agosto 2014

Historias urbanas

La cama está saturada de sueños y te empuja a las siete de la mañana para que acudas presta y despejada al trabajo. Saludas al espejo de reojo, vas a desayunar tostadas untadas de rutina para después ponerte a remojo en la ducha. Has oído en una revista, de esas que pasan revista, que es bueno terminar la ducha con agua fresca para coger energía. El grito que das seguramente lo ha oído el vecino, su amante y el marido de la amante, por lo que decides coger energía de otro modo que no sea ese suplicio.
Recién duchada, desayunada y otras cosas que acaban en nada (como acondicionada o repeinada) te pones esas botas que tanto te gustan. No, no, mejor hoy con tacón más alto que tienes que ir a una entrevista de altas miras de empleo. Una gota de perfume por aquí, otra de locura por allá, desfile de lencería ante el espejo, lavado de dientes y a morder algo más que polvo ahí afuera.
Sales por fin a la mojada calle por la tormenta madrugadora y un coche empuja el agua sucia de ese charco hasta tu ropa, las botas de tacón alto, las gotas de perfume y el tirante tan femenino que sale por tu hombro y que tan bien combina con la blusa. Lo único que no salpica el charco es la gota de locura y te presentas con muchas cosas que acaban en nada (guarrada, enfadada, mosqueada) en la entrevista de trabajo.
-¿Cree usted que se puede presentar a una entrevista de trabajo con ese aspecto? –te sueltan como primera pregunta.
-¿Pero es que no han visto la ilusión y el aspecto de mis ganas? –les retas
-¿Alguna explicación de su indumentaria? –insisten
-¿Necesitan una persona creativa o crear una persona bien emperifollada?
Silencio…
Te vas de la entrevista con un contrato y con muchas palabras que acaban en nada (emocionada, animada, entusiasmada…)

15 agosto 2014

El peón del tablero

Puedes ser como la torre del ajedrez, firme y segura, con esa apariencia de sobriedad y contundencia; o como el rey, protegido y dependiente del resto del tablero mientras disfruta de su seguridad y privilegio. Puedes ser como el alfil o el caballo y vivir en diagonal y saltando numerosas batallas. Puedes ser… llegar a ser… y sin embargo se te olvida que ya eres. Eres el peón. El magnífico peón que conoce que “ya es” y por ello lucha paso a paso sabedor de que lo que lleva dentro le puede trasladar al otro lado del tablero donde todo su potencial se liberará desarrollando los poderes infinitos de la reina. Paso a paso, el peón es el único que puede cambiar y alcanzar sus sueños, con constancia, sin grandes alardes y la ilusión por bandera.

Demasiados...

Tenemos demasiadas pantallas para no mirarnos, demasiadas teclas para no dar con la tecla, demasiada comparación para dejar de ser uno mismo, excesivo perfeccionismo como para volverse un perfecto idiota, demasiadas recomendaciones para mandar a la mierda, multitud de reglas para ser feliz cuando ser feliz no tiene reglas, cinturas de avispa que no pican ni envenenan, rosas sin pinchos, campamentos donde los niños ni si quiera se pelean, hasta se hace el amor sin deshacer las caretas, demasiados: qué guapos, os veo fenomenal, qué bien salís, estáis estupendos…, el “cuestionar” que se perdió, la libertad que ya solo es una palabra, demasiada tontería patriótica con niños que para comer necesitan algo más que una bandera, el engaño e identificación del pensamiento que impide verte como el que piensa…
Demasiadas cosas alejadas de la naturalidad que viene cuando las sueltas.

04 agosto 2014

Condicionamientos

A Yaminah se le olvidó que su piel tenía un color cuando jugaba con su amigo Ezra. Todavía no era zurda o diestra de ideas y la imaginación era la única religión. A Ezra se le olvidó que la bandera supone un símbolo cuando se limpió las manos manchadas de la fruta robada en ella; tampoco sabía que las higueras pertenecen a alguien ni que están en una u otra frontera. Para Ezra la patria es dónde y con quién juega. A ambos se les olvidaron sus apellidos y gracias a ello se sentían como hermanos. Vivían en paz, con la mente serena, hasta que un misil lleno de identificaciones, lleno de condicionamientos, lleno de absurdo y miseria… quiso dejar claro cuál es la gilipollez que a los humanos les gusta y les reina.