28 julio 2014

Segundo a segundo

En un segundo se puede guiñar un ojo y guiñando el ojo le puedes decir cuarenta poemas en un abrir y cerrar. Se puede quedar segundo en un segundo y así evitar el destello que la medalla de oro hace alterar al ego. En un segundo puedes dar un paso, todo un paso que puede ser el principio de tantas historias, de tanta vida…
En una vida hay muchos segundos pero en uno de esos segundos le arreas un beso con premeditación y alevosía (que estará cantando Aute) con respuesta de pasión, sorpresa, alegría o mano estampada en tu cara. Un segundo puede cambiar el mundo según los botones que uno apriete; ya sean los que hacen caer bombas de estupidez humana para segar vidas, ya sea la tecla que envía un mensaje a la red de redes que nos enreda o ya sea el botón con que se abre el escote. En un segundo puedes decir “te” y en otro “quiero” y saborear un buen té verde con muchos antioxidantes que te saca el camarero. En un segundo puedo hacer tal que así con los dedos pulgar y corazón (acabo de chasquear los dedos) y producir un sonido.
El mundo empieza ahora, en este segundo, siempre empieza ahora pues hace un segundo ya es pasado y el pasado es memoria y el futuro imaginación. En un segundo más lento puedes perder el primer sitio o en un segundo más rápido puedes resbalar. Puedes compartir tus segundos y luchar cada instante para dar lo que llevas dentro. Justo en un segundo la gente estalla de alegría en determinadas fiestas que dependen que la aguja del reloj llegue a ese momento. Todo lo que existe es el instante y nada más. En este mismo segundo, que sí, en este mismo segundo, acabas de poner la vista en este punto.
La vida es un instante que empieza de nuevo y si no mueres de instante a instante al pasado nunca renacerás segundo a segundo en la única realidad que es este momento; y un momento contiene todas las ilusiones e historias por vivir y todos los segundos de la eternidad de los tiempos.