27 febrero 2013

Historia pasada por agua

Él estaba muy cansado y ella muy casada
preguntándose como sería de nuevo…
ser encontrada.
Navegaba entre los charcos, solo y sin paraguas
mientras ella iba tirando recuerdos
a medida que caminaba.
Él iba soñando gota a gota
con trozos de sol en su vida parada.
Ella solo quería alejarse de la lejanía que sentía
imaginando  una vida más abrazada.
Un coche atropelló a un charco que inundó
a los dos cuando por la acera se cruzaban.
Él estaba muy cansado y ella muy casada.
El resto de la historia ya es agua pasada.

26 febrero 2013

Romper el molde

Te moldearon desde muy niño y parece que no puedes salir de ahí. Te programaron para el resultado, para pensar de una determinada manera, para ver normal lo que hace la mayoría, para adaptarte…
Te moldearon y quieres permanecer en el molde y usas tu pensamiento para realizar el programa que te metieron en el cerebro, te moldearon para sentir tu patria (sea lo que sea ese invento), tu partido, tu grupo, tu creencia, te moldearon para aceptar que te digan lo que pensar, creer y tener líderes que piensen por ti. Te moldearon para identificarte y creer que lo que dices es lo que eres, para buscar la seguridad que no existe, para decir “para siempres” y conservar, conservar, permanecer…
Y ahora te dicen que puedes cuestionar todo lo que te enseñaron, te lo dicen y no quieres. Tienes miedo, pues cuestionar significa darte cuenta por ti mismo sin nadie a quien echar la culpa, abandonar la mentira y revolucionarte con la realidad, saber que no eres lo que dices sino lo que haces, poner en duda tus juegos ideológicos. Y no quieres salir del molde y finalmente vives la vida del programa que te metieron y perdiste la tuya propia. Mejor molde conocido que realidad por conocer. Y así el mundo se convierte en un teatro donde la gente se identifica con cosas para ser feliz y esas cosas se convierten en más importantes que la propia felicidad y te vuelves dependiente y la dependencia no es libertad. Romper el molde significa cuestionarte y cuestionar.

14 febrero 2013

Una picaraza

He visto como una picaraza sacaba lombrices con su pico sin parar. La tierra había recibido una ducha de la tormenta anterior y tenía sus hierbas puestas a remojo para que el aire las peinara. Un gorrión yacía en el suelo a la espera de un ejército de hormigas que iban a hacer de cortejo fúnebre. Pero volvamos a la picaraza o urraca. Ella no sabe que la llamamos así y está libre de palabras por lo que vive la realidad tal cual es, sin describirla, así disfruta a tope cuando disfruta y el sufrimiento pasa cuando pasa. No digo que sean malas las palabras, sino que no se usen para dramatizar la realidad. El gorrión ha muerto y ya está, sin aspavientos ni herencias por las que disputar, quizá un par de vuelos como recuerdo y nada más, morir sin nada, solo con tus alas, es una muerte plena, sin nada a medias en el cerebro, aceptación pura de la realidad. Tampoco los cuervos analizan si cantan peor que los jilgueros. ¿Qué cómo lo sé? He observado muchas veces que se atreven a graznar orgullosos aunque haya ruiseñores o jilgueros a su lado entonando todo un concierto que jamás se ha escuchado en Viena.
Me gustan las palabras con uve como Viena pero sobre todo las esdrújulas, de entre ellas, una de mis preferidas: lapislázuli. Suena fenomenal. Lapislázuli. Dilo en alto, ya verás. No son malas las palabras, solo que si convertimos un mal resultado en una fatalidad, la vejez en algo que esconder, un contratiempo en un atentado contra mi derecho a disfrutar… entonces más nos valdría ser como la picaraza, que desarrolla sus cualidades y sus vuelos sin preguntarse si está bien o está mal.