23 febrero 2012

El medio es el fin

No quiero el premio, me apasiona merecerlo
No quiero títulos, quiero saber muchas cosas
No quiero la cima, prefiero disfrutar la montaña
No quiero aplausos, quiero compartir lo que llevo
No quiero enchufes, mejor echarle huevos
No quiero reconocimiento, ya sé quién soy
No quiero ser discípulo, soy mi maestro
No quiero el sol, llevo mi faro
No quiero boda, el amor no se organiza
No quiero suerte, prefiero fabricarla
No quiero facilidades; más difícil, mayor recompensa
No quiero el extremo, sino lo del medio
No quiero esperanza, ahora empiezo
No quiero huir, aquí me tiene el miedo
No quiero la indecisión, prefiero equivocarme
No quiero el refugio, mejor el coraje
No quiero palabras, solo hechos
No quiero puntos finales sino
dirigir mis puntos suspensivos
Eso quiero…………………

08 febrero 2012

Espacios y abandono

Era un pasillo eterno, de esos que se alargan a medida que avanzas. Caminaba entre espacios de incertidumbre, por los huecos de lo inesperado. El habitual murmullo y algún que otro grito lejano simplemente hacían el pasillo más silencioso, más quieto, atemporal…
Entre pared y pared mis pasos, abriendo espacios a cada pensamiento, recogiendo ideas que caían por los bolsillos a medida que avanzaba.
Por fin apareció. Al final del pasillo estaba Víctor, que se dio cuenta que venía y el pasillo era de un minuto, de esos que acortan a medida que avanzas. Los espacios se reducían, la certidumbre de la alegría nos acercaba. Los murmullos de los otros residentes acompañaban al estruendo de la sorpresa.
Entre pared y pared nuestros pasos, cerrando espacios sin pensar, sin ideas, la amistad avanzaba. El abrazo.
Su familia hacía quince años que no iba al psiquiátrico a visitarle; tenían adoptado, sin embargo, un niño de un país lejano por doce euros al mes. Muy solidarios.
Las caretas que cubren la miseria de la vida que se va por las alcantarillas de la hipocresía, de los cobardes, de los que guardan secretos que esperan ser gritados.

01 febrero 2012

Según como mires...

A Laura hoy la cama le ha empujado a la mañana mientras el despertador le tiraba del pelo. Mientras iba al trabajo observó un sucio charco que salpicaba a los peatones cuando lo pisaban los coches.
Andresín, sin embargo, vio reflejado un rayo de sol en el mismo charco y sonrío pensando que muchos trozos de luz impregnarían a los viandantes salpicados.
El gorrión simplemente sació su sed e inició otro vuelo sin darle más vueltas.