31 diciembre 2011

Navidad, esperada navidad...

La eterna imitación y prolongación de lo previsto.
El regalo esperado sin esperas.
Ese niño del pesebre, sin techo y con un arma bajo el brazo.
Las uvas, pavos pavoneando; el juego de máscaras.
La meretriz que se queda sin aguinaldo.
La muerte de la creatividad, la fuga de lo inesperado.
Los camellos sin reyes repartiendo droga para celebrarlo.
Noches viejas que menguan a cada esquina.
Noches buenas para disfrazar días malos.
Solidaridad que se va de vacaciones el resto del año.
Pesebres en el mundo de la medalla de bronce.
En el primer mundo, rascacielos rascando el bolsillo.
La crisis de la que no se habla, la importante, la interna.
El año nuevo que jamás renueva…
La lenta agonía de lo humano.
Y el crítico de turno, las navidades criticando.

19 diciembre 2011

Entre espacios

Se mueven mis dedos al ritmo lento de Schubert mientras escribo estas letras. El violín me recuerda a una mujer muy ordenada y suave en sus gestos, probablemente hermana de aquella mujer que Picaso retrató en forma de guitarra. El té que tengo aquí al lado me lanza de improviso un golpe de olor reclamando otro sorbo.
A veces mis brazos se cansan si escribo. Así como los ojos están para escuchar las cosas importantes que dicen las personas con sus gestos, los brazos interpretan danzas engañosas para que les añadan la “a” y se sientan plenos en a-brazos.
Ahora hago así para arriba con los brazos estirándolos al cielo según pone en las recomendaciones para no sufrir tendinitis y otras enfermedades tontas que tontamente vinieron cuando bajamos de los árboles para andar a dos patas e inventar con la civilización el sedentarismo que mata el movimiento y aturde el cerebro.
La comunicación es importante, merece la pena hablar y hablar. La piel, cuando te duchas, va liberando células muertas y el cerebro lo hace hablando. Bailar, hacer el amor, tocar, desnudarse en la naturaleza y también escribir y compartir merece la pena para un buen descanso del cerebro. Tengo que hacer una llamada.
Ya estoy aquí de nuevo, golpeando con más brío las teclas. La prioridad es no hacer mucho tiempo lo mismo, la novedad mantiene vivo al cerebro y la prioridad de las prioridades es salir de uno mismo atendiendo a otras personas, cuando atiendes no hay tiempo, solo atención. Eso ocurre, la atemporalidad, cuando no hay ni rastro de pensamiento de uno mismo en el cerebro.
El piano me relaja ahora, la tierra se mueve, el sol, el universo, la vida se mueve y agua que se estanca se pudre, pero hay que saber buscar el espacio. Siempre hay un espacio entre dos notas si se atiende y solo así hay armonía en el concierto, hay que buscar el espacio entre la defensa para que entre el balón esquivando al portero y también lo hay entre dos pensamientos. En esos espacios se muere el “yo” y empieza el universo.
Dejo un espacio                           y ya mismo paso de las palabras al movimiento.

16 diciembre 2011

Eternidades de un instante

Cuántos comienzos se necesitan para explicar tantos finales.
Ese sueño a fuego lento que se cocina en lunas menguantes, el anillo que arresta al dedo acusado de acariciar diferentes madrugadas, la eternidad que fue engullida por el real instante.
Cuántos  comienzos más habrá que escribir cuando las comas superan los puntos finales. El etcétera de las medias que caen a media noche, las palabras que se callan para que las manos sigan adelante, vestir el cuerpo de la desnudez alérgica a ropas que impiden acariciarse.
Cuántos comienzos habrá que disimular para no explicar la historia de aquellos puntos suspensivos que puedes rellanarlos en cualquier parte….

07 diciembre 2011

Vivir haciendo

El abrazo más que un simple “te quiero”, ofrecer la mano que no “cuando tenga tiempo”, tirarse de cabeza sin “un día de estos empiezo”, mojarse en lugar de “cuando tenga paraguas”, vivir sin… “qué dirán”, sin veleta, escuchando el viento.
Solo una cosa hay: los hechos. Lo que haces te define, no lo que dices. La realidad del hecho frente a la ilusión de la imagen. No sirve el título, la posición, la cima, el éxito, no, que no sirve la imagen, estás tú contigo mismo y solo sirven tus hechos. Jamás habrá transformación sin relacionarse de frente y de frente lidiar con lo que viene mientras aprendes haciendo.