24 noviembre 2011

Siempre hoy

Puedes halagarme, insultarme, robarme un beso, mirarme de reojo, atracar el corazón, cotillear cuando me vaya, viajar por mi cuerpo, aterrizar en mi mente, olvidar recordarme, mandarme a paseo, pasear con mis abrazos, recordar mi ausencia, hacer el amor, deshacerlo, tirarte de cabeza, llenar la piscina, decir te quiero, querer un té, jugar al escondite, dejar que te encuentre, hacer trampas con la mirada, columpiarnos en la luna, amanecer en la noche, abandonar mi mirada, divorciarte de mis palabras, callar por los codos, saltar el arcoíris, hacer concurso de caricias, darme la mano…
Pero que sea siempre después de ayer y antes de mañana.

19 noviembre 2011

El vendedor de palabras

-¡Vendo palabras! ¡Vendo palabras!  Repetía una y otra vez mientras escondía la cabeza en el gorro de piloto para que no le entraran los copos de nieve.
Tenía arrugas de 80 años, piernas que pedían socorro, ojos muy escondidos y mirada de 20.
-¿Qué palabra quiere usted? –me preguntó mientras una ambulancia paraba justo al lado.
Comprendí rápido a qué venía la ambulancia así que hice una seña a los celadores y al psiquiatra para que me dejaran unos segundos.
-Quiero la palabra sueño.
Entonces escribió rápidamente en un trozo de tela vieja que sacó del bolsillo y desapareció sin ofrecer resistencia en la ambulancia entre un rastro de luces y nieve.
Cuando leí lo que ponía en el trozo de tela quedé tan asombrado… que desperté.
Siempre me pregunto qué hubiera pasado de haber elegido otra palabra.

12 noviembre 2011

Cortar y lavar

Muchos pelos de la cabeza protestaron
cuando regalé un trozo de infinito
a esa mujer que llevaba por timón sus caderas.
No tener ni un pelo de tonto es complicado
pues no te da opción a la sorpresa, así que
en la peluquería trato de conservar alguno.
Veo cómo caen y llevan consigo su historia:
alguna caricia, golpes de viento, enredos y tirones,
varios de punta, juegos de manos y alguno revuelto.
Suelo avisar a la peluquera que se cuide mucho
de no cortar alguna idea que asome incipiente
por la cabeza.
Ya renovado, alguna cana asoma en este día de aire.
Y decido regalar trozos de cambio
a la primera mujer que pase sin timón ni rumbo
que no quiera tomarme el pelo...
mientras la melena empieza a despeinarse.