20 abril 2011

Juan Nadie

Cuando no eres nadie (ni tu trabajo ni tu apellido ni tus muebles ni tu coche ni un punto o una coma) lo eres todo pues al dejar de identificarte mentalmente con estas cosas, prestas atención al mundo, es decir, a los demás y todo y todos se convierten en uno y uno tiene derecho a equivocarse, a errar y uno se siente grande porque el universo está en lo pequeño; y así vamos perdiendo el miedo a abrazar y el miedo se va cuando se va el ego.
Ahora cito un texto de "Juan Nadie" película de Frank Capra:
Voy a hablar de nosotros, los Juan Nadie. Si les preguntaran como es el Juan Nadie corriente no podrían decirlo porque es un millón de cosas. Es el señor grande y el señor pequeño. Es ignorante y es sabio. Es esencialmente honrado, pero tiene un grado de ladrón dentro de si. Rara vez entra en una cabina telefónica sin mirar en la ranura  por si alguien se ha dejado 10 centavos. Es el hombre para quien redactan los anuncios, aquel a quien todo el mundo vende cosas. Es el que siempre acaba pagando el pato y es la mayor fuerza del mundo. Si señor, si señor,  somos una gran familia los Juan Nadie. Somos los mansos que teníamos que heredar la tierra. Estamos en todas partes. Cosechamos, excavamos las minas, trabajamos en las fábricas, llevamos los libros, hacemos volar los aviones, conducimos los autobuses y cuando un poli grita: "usted, atrás" se refiere a nosotros, los Juan Nadie. Hemos existido desde siempre. Hemos construido las pirámides, hemos visto a Cristo crucificado, hemos extraido metales para los emperadores romanos, hemos navegado en las caravelas de Colón... Si señor, hemos estado allí aportando nuestro grano de arena desde los inicios de la Historia del mundo Y en nuestra lucha por la libertad hemos golpeado la lona muchas veces pero siempre hemos vuelto a la lucha porque somos el pueblo y somos fuertes. Han empezado a hablar de la gente libre que se reblandece, que ya no puede más ¡Todo eso es mentira! La gente libre podemos cambiar el mundo, desde la guerra hasta el juego más insignificante si nos lo proponemos.
Sé que muchos de ustedes se preguntan:
"¿Qué puedo hacer?  Sólo soy un pobre hombre, yo no cuento. Pues se equivocan: los pobres hombres siempre han contado pero tenemos que actuar todos juntos y lanzarnos. No podemos ganar el juego si no hacemos un trabajo de equipo y ahí es donde aparece cada Juan Nadie. Depende de él unirse a su compañero de equipo y su compañero de equipo, amigos míos, es la persona que tiene al lado. Su vecino es una persona terriblemente importante. Le necesitan y él les necesita a ustedes. Así que cuídenle si está enfermo, hablen con él si está preocupado, denle de comer si está hambriento y si no tiene trabajo, búsquenle uno. Para la mayoría de ustedes su vecino es un extraño, un tipo con un perro que ladra y un seto que le aisla, pero ahora ya no puede ser extraño nadie que forme parte de su equipo. Así que derriben esos setos que les separan. Derríbenlos y derribarán todos esos odios y prejuicios. Derriben las empalizadas  y habrán realizado un trabajo de equipo. Sé que muchos de ustedes se estarán diciendo:
"Este hombre está pidiendo un milagro,  espera que la gente cambie repentinamente. Pues se equivocan. No es un milagro. Y no es un milagro porque he visto que ocurre una vez al año todos los años al llegar la Navidad. Hay algo maravilloso en el espíritu de la Navidad. ¡Hay que ver lo que hace en la gente! ¡En todo tipo de gente!
Y yo me pregunto: "¿Por qué no puede ese espíritu, ese acogedor espíritu navideño, durar todo el año?" ¡Cielos! ¡Si eso ocurriera! Si todos los Juan Nadie hiciéramos que ese espíritu durara 365 días al año, desarrollaríamos tal fuerza, crearíamos tal ola de buena voluntad, que ninguna fuerza podría oponerse a nosotros. ¡Si amigos míos! Los mansos heredarán la tierra cuando los Juan Nadie comiencen a amar a sus vecinos. Y será mejor que empiecen ahora. No esperen a que el juego se suspenda por falta de humor. ¡Despierta Juan Nadie, eres la esperanza del mundo!
(silencio y aplausos)

15 abril 2011

Temporalidad

De un tiempo a ésta parte me he dado cuenta que ésta parte es de un tiempo.

04 abril 2011

El inadaptado

Ya de niño le dijeron que se adaptara y con los años observó cuidadosamente el mundo para adaptarse: en la escuela había que esconder los sueños a riesgo de ser un vago, había que parecerse a un montón de gente, las ideas propias eran inapropiadas y las evaluaciones de los que encerraban los sueños eran la puerta de la adaptación.
De adolescente observó que entre decir y hacer lo que dices estaba aparentar, que era algo muy bueno para adaptarse, fingir alegría también era imprescindible para el objetivo así como intentar que nunca, nunca se enteren los demás si te sale algo mal.
Después vinieron las instituciones, era fundamental la identificación apoyando la política, el país, la creencia o no creencia y pertenecer a un grupo en el que sentirte identificado, la identificación parecía ser cosa seria para adaptarse.
Más adelante observó la paz, que el mejor medio para obtenerla era haciendo guerras, miró de cerca el dinero y las huchas llamadas bancos que eran imprescindibles para perderlo poco a poco garantizando así una especie de seguridad y observó que era de muy adaptados encerrar el amor de numerosas maneras y trucos para poseerlo mejor.
Vio, en definitiva, que el mundo estaba enfermo y no quería contagiarse así que se convirtió en un gran inadaptado.