25 julio 2009

¿Subes o bajas?

Navega por el monte, bastón en mano y una rama de abedul en el sombrero. El viento canta poesías sin rima que le recuerdan dos olvidos y un invierno. A cada paso va perdiendo la edad del júbilo, las eternas promesas, los para siempre, sus divorcios de plata, el adulto que nunca fue, cinco canas, muchos segundos y muchos primeros.
Se acerca a la cima entre un mar de boj, enebros y las constantes hayas. El enebro, también llamado ginebro, le recuerda a una princesa de cuyo nombre sí quiere acordarse, también le recuerda a bares y a noche.
Llega a la cima y grita al viento que se lleva su sonido hasta las nubes que anuncian tormenta y lloverán su grito por todo el valle. En la cima ha encontrado una mochila vacía, descanso de sí mismo, ninguna verdad absoluta, una o dos primaveras y el comienzo asombroso y expectante de la bajada.

19 julio 2009

Algo que no cambia

Ni soy el niño que fui ni el adolescente ni el adulto que se presupone que soy. Todo es una colección de recuerdos, una carrera de fondo donde el pasado te persigue sin parar inmiscuyéndose en la atención de las cosas que pasan, juzgándolas desde lo ya conocido y perdiéndose la realidad.
Todo pasa irremediablemente, incluso aquello que creías eterno. Esto pone triste a mucha gente pero no hay nada como la muerte de las cosas, para renacer e ir creciendo. Tenemos dos posibilidades: ir detrás de los recuerdos, persiguiéndolos sin parar para recuperar aquellas sensaciones pasadas y darse de bruces con la verdad de que el pasado ya no está u ocupar la mente con las cosas (buenas y malas) que pasan ahora y que dan un frescor dramático y entusiasta a la vez como una primavera eterna. Sí, sí, he dicho que todo cambia pero hay algo eterno, algo que no cambia: los cambios.

08 julio 2009

Arte vivo

Ahí estaban los artistas analizando su obra, esculturas que imitaban lo orgánico en unos casos y ahondaban en el enigma espacio-tiempo en otros. Un escultor comenzó a hablarnos de su obra y del vacío; era todo barba y unos ojos diminutos se escondían del público que le miraba embobado como si de un dios de la creación se tratara.
Abandoné la sala para dar un paseo por los alrededores del museo meditando sobre el vacío, el tiempo… y pude entender lo que era el arte cuando, de improviso, una música de increíble belleza llegó a mis oídos. Se trataba de un jilguero apostado en la copa de un elegante árbol. Eso me hizo atender al árbol. Era un cedro majestuoso, con hojas agitadas por el viento y varias ramas que hacían un entramado de dibujos que era todo un espectáculo. Olía a lluvia y al tocar el tronco mi mano se empapaba de su arte y belleza.
Así pues, el arte que imita lo orgánico me pareció la sombra de algo que se puede ver en vivo y en directo. El enigma espacio-tiempo se resuelve en la atención total, ya sea en un abrazo u observando un jilguero, en aquellas situaciones donde no hay ego. Y el vacío solo se entiende cuando uno se llena de atención de tal modo que el cerebro no se entretiene con el pasado y cuando uno está vacío de pasado, solo entonces puede llenarse el vaso, la mente, de la novedad del presente, del arte en acción.

02 julio 2009

Reflexionando III

Un día de estos cojo la maleta y me voy de viaje... al presente. Y es que es agotador estar todo el rato persiguiendo el futuro como si fuera la estación de la esperanza. Y no digamos los viajes eternos por el pasado, ese cementerio de recuerdos que se aferran al cerebro como las pulgas a un perro callejero.
La esperanza es posponer las cosas. No me gusta, es más real hacer y hacer y lo que llegue dependerá de la siembra.
Y es que en la vida no hay nada permanente, eterno, por mucho que los humanos se empeñen en inventar lo eterno y encerrar el cerebro con inventos ideológicos, religiosos y patrióticos. No hay más ideología que afrontar los hechos día a día; la mejor religión es compartir y como dice la famosa frase: la religión está en el corazón y no en las rodillas; y la mejor patria... en un vertedero.
¿Pero alguien se atreverá a desechar todos estos juguetes ideológicos? ¿Alguien se atreverá a dejar la necesidad de identificación?
Hay vida más allá de las palabras y hay un cerebro nuevo esperando el día en que dejemos los condicionamientos adquiridos por la heredada estupidez durante siglos.